Marineros, navíos y limones
Como es bien sabido, la enfermedad del escorbuto, una avitaminosis mortal por deficiencia de Vitamina C, seguramente causó más muertes entre los marinos que todos los combates y tempestades, al desconocerse su causa, que no era otra que la imposibilidad de conservar a bordo las necesarias frutas y verduras frescas, especialmente cuando con la “Era de los Descubrimientos”, las navegaciones se alargaron cada vez más.
La expedición de Magallanes-Elcano tampoco se libró del terrible mal, habiendo sufrido un par de brotes de escorbuto, uno en el Pacífico y otro en el Índico. A modo de cronista viajaba un tal Antonio Pigafetta, uno de los 18 supervivientes. Pigafetta era un noble italiano del Renacimiento, un polifacético explorador, geógrafo y cronista al servicio de la República de Venecia. Fue caballero de la Orden de San Juan y dejó su relato de la expedición en una obra titulada Relazione del primo viaggio intorno al mondo (también conocida como Relación de Pigafetta). En su relato señalaba que las encías se inflamaron tanto que no podían comer y morían de hambre… La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas… El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de piel de vaca que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera... Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas... Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos... Esta actividad ha tenido dos fases: en la primera el alumnado, dividido en grupos, ha investigado sobre el escorbuto y su curación realizando infografías sobre ello (cinco en total) abarcando temas como la alimentación, la propia enfermedad, etc; para posteriormente realizar un experimento casero sobre la vitamina C en los alimentos. De esta forma, el alumnado ha conocido una enfermedad letal en aquella época, y que también está presente en nuestros días y la importancia de una correcta alimentación.
Experimento: ¿Qué alimentos contienen más vitamina C?
El experimento ha tenido como objetivos:
- Aprender que la vitamina C es un potente antioxidante, actuando para disminuir el estrés oxidativo, un substrato para la ascorbatoperoxidasa y por eso es muy importante valorar la importancia de consumirla.
- En diferentes muestras de alimentos identificar y comparar mediante una reacción química de óxido-reducción a la vitamina C
Para preparar nuestro experimento hemos necesitado los siguientes materiales:
- Yodo
- Fécula o almidón de maíz
- Agua
- Vaso precipitado
- Tubos de ensayo
- Gotero
- Varilla agitadora
- Mechero
- Zumos y frutas con vitamina C
Procedimiento:
Lo primero es preparar un analizador de vitamina C. Para ello preparamos una disolución de almidón, disolviendo una pequeña cantidad de harina de maíz y la calentamos, el líquido sobrenadante es nuestro almidón en disolución. Añadiremos 10 mL de disolución de almidón a 250 mL de agua (un vaso de agua de tamaño normal), y a esto unas gotas de betadine o equivalentes (yodo en disolución), el líquido se volverá azúl oscuro.
Preparamos un “analizador de vitamina C” (de color azul), colocamos la misma cantidad de "analizador de vitamina C" en varios recipientes iguales , después añadimos unas gotas de zumo hasta que el líquido se vuelva transparente, anotando el número de gotas de zumo que se necesitan para volver incoloro el analizador.
Los niños y las niñas rellenaron una tabla e investigaron que sustancia de las que ensayamos tiene mayor contenido de vitamina C. El zumo tendrá más vitamina C cuantas menos gotas necesitemos para
decolorar el “analizador de vitamina C”.
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